
–Agua, mi Dios –clama un monje anciano perdido en el desierto.
Desde el horizonte, llega caminando a su lado un ángel mugroso. Trae la túnica manchada y las alas polvosas.
–Me enviaron en tu ayuda, ¿cómo te puedo bendecir?
–Dame agua, por favor.
En ángel se aplaca sus cabellos enredados. Aparece dos jarros que, al acercar y separar las sendas bocas, hacen brotar hilos de agua hasta llenar un jarrón. Pero el monje recuerda sus conocimientos, sabe que a los ángeles los cubre un fulgor que no tiene quien se presenta ante él. El monje presiente un engaño de El Maligno.
–Ahora, bebe esta agua si quieres salvarte –dice rascándose una nalga.
–No; eres un demonio. ¿Dónde está tu aureola, dónde está tu brillo y tu pureza?
–¿Quieres ver mi pureza?
–Sí, quiero verla.
A la respuesta, el ángel bebe un sorbo de agua. El monje contempla una luz acrisolada bañando al ángel bello, al tiempo que escucha sublimes coros entonando salmos al Creador.
–En verdad eres un ser celestial. Beberé el agua –dice, pero al empinarse el jarro, se da cuenta que está vacío.
–Lo siento –dice el ángel ascendiendo al cielo–, me enviaron a cumplirte sólo una petición.
Desde el horizonte, llega caminando a su lado un ángel mugroso. Trae la túnica manchada y las alas polvosas.
–Me enviaron en tu ayuda, ¿cómo te puedo bendecir?
–Dame agua, por favor.
En ángel se aplaca sus cabellos enredados. Aparece dos jarros que, al acercar y separar las sendas bocas, hacen brotar hilos de agua hasta llenar un jarrón. Pero el monje recuerda sus conocimientos, sabe que a los ángeles los cubre un fulgor que no tiene quien se presenta ante él. El monje presiente un engaño de El Maligno.
–Ahora, bebe esta agua si quieres salvarte –dice rascándose una nalga.
–No; eres un demonio. ¿Dónde está tu aureola, dónde está tu brillo y tu pureza?
–¿Quieres ver mi pureza?
–Sí, quiero verla.
A la respuesta, el ángel bebe un sorbo de agua. El monje contempla una luz acrisolada bañando al ángel bello, al tiempo que escucha sublimes coros entonando salmos al Creador.
–En verdad eres un ser celestial. Beberé el agua –dice, pero al empinarse el jarro, se da cuenta que está vacío.
–Lo siento –dice el ángel ascendiendo al cielo–, me enviaron a cumplirte sólo una petición.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada